¡amamanta!

¡Dame dulzura, vida mia!
¡dame ternura, vivas caricias!
¡cuánto ansio esa seducción!
Cuando siento esos pechos
sobre todo mi cuerpo
¡arrasa, amasa sin piedad!
como me accedo sucumbir
a tales encantos que emanan
de esas ricas manos
son mi gran pecado
que nadie puede disponer
su poderío, su divina ternura
acrecienta envergadura.
¡Amamanta!
¡chúpame!
¡cómeme!
¡eres lo más apetecible
lo indescriptible!
lo mejor, más accesible.
¡Amamanta!
¡tú serás infinitamente
la santa manta!
©José Luis López
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